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El Tres Cubano-Puertorriqueño


Un tresero anónimo de Matanzas, Cuba, y el venerado
tresista Mario Hernández en su apogeo, juntos tocando un tres cubano y un tres
puertorriqueño. Montaje de fotos oriundas
del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana y Ansonia Records. |
Lamentablemente, el tres es poco conocido
entre muchos amantes de los instrumentos de cuerda, aunque fue una herramienta expresiva
vital que ha forjado el sonido de la música latino-americana desde
el siglo pasado. Pero entre los músicos cubanos y puertorriqueños, el tres ha
sido, y sigue siendo un enlace primordial entre las dos culturas y entre todas las
culturas que aman a la música cubana.
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El Vínculo Cubano-Puertorriqueño
El tres en Cuba El tres en Puerto Rico
Antecedentes de los instrumentos en la América Hispana
En los comienzos del
siglo XVI, los Reyes Católicos de España, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla,
exigieron que los instrumentos de cuerda fueran llevados al nuevo mundo por los
colonizadores para servir como herramientas de persuasión religiosa. Algunos marineros,
por su cuenta, trajeron pequeños guitarrillos y tiples, muy populares entre ellos para
aquellos tiempos, como valiosa compañía durante los largos viajes oceánicos.
Los más acomodados transportaban los instrumentos de su clase social. Una vez
establecidos, estos conquistadores y misioneros escuchaban sus décimas y espinelas
acompañados al punteo de sus vihuelas (antiguo instrumento de seis cuerdas dobles
antecesor a la guitarra) para así aliviar la nostalgia por sus provincias natales.
Más tarde, surgieron instrumentos como la guitarra, parecida a la del los conquistadores,
creada por la mezcla de los libertos africanos, los criollos y jíbaros con sus simples herramientas y materiales regionales. La necesidad de crear estas réplicas es obvia, ya
que los instrumentos españoles no eran accesibles a los nativos por su costo y escasez.
De esta manera, variantes nativas muy singulares de estos instrumentos de cuerda llamados
tiples, vihuelas, guitarrones, bandolinas, treses, cuatros y quintos han perdurado en
América aun después de regresar los españoles a Europa al final del siglo pasado. Un importante escritor
costumbrista del siglo 19 comenta:
Ningunos de estos instrumentos obedece en su construcción a una idea
artística racional; el poco valor material de ellos hace que solo los construyan los
mismo jíbaros quienes la mayor parte de las veces se valen de útiles poco apropiados.
Sería interesante señalar el proceso de desviación que en esta provincia han seguido
los citados instrumentos nacionales de cuerdas; en ellos subsiste la idea que preside la
construcción de guitarras y bandurrias; pero la carencia de utensilios para fabricarlos
iguales a los modelos que de la metrópoli trajeron los españoles, han debido influir en
la imperfección de aquellos.
Francisco Del Valle Atiles 1887 (Puerto Rico)
De esta forma, nacen un
gran número de variantes nativos de instrumentos de cuerda de tripa y de cuerda de
alambre han proliferado por toda la América hispana hasta nuestros días: Entre ellos el tres cubano y su descendiente, el tres puertorriqueño.
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